SOLEMNIDAD A SAN JOSÉ


El Papa Francisco describe a San José de una manera tierna y conmovedora: “Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un padre trabajador, siempre en la sombra”.
Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3. San José era un «tekton», palabra griega “technne” que significa artesano constructor. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.
Según el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial, encomendándole la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, se manifiesta como el santo custodio de la Sagrada Familia, siempre está cerca de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.
San José, nos muestra de manera muy concreta su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio de Jesús. En este sentido, quien une al Antiguo y el Nuevo Testamento es Cristo y San José participa garantizando la descendencia davídica.
José es también un padre en obediencia a Dios, donde con el designio del fiat salva a María y a Jesús, enseñando a su Hijo a hacer la voluntad del Padre para servir a la misión de Jesús, cooperando en el gran misterio de la redención participando como un ministro de la salvación.
Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús; existiendo una perfecta unión ejemplar en su matrimonio con María.
PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL
Cuando Dios decidió fundar la familia divina en la tierra, eligió a San José para que sea el protector y custodio de su Hijo; para cuando se quiso que esta familia continuase en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San José se le encomienda el mismo oficio.
¿Qué guardián o que patrón va a darle Dios a su Iglesia? pues el que fue el protector del Niño Jesús y de María.
Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.
Atendiendo a las innumerables peticiones de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, el Papa Pío IX, declaró y constituyó a San José Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.